El papel de los inversores institucionales en el reto climático

Autor: Joaquín Garralda, Decano de Ordenación Académica del IE.

La carta anual de Larry Fink a los CEOs de las empresas en que invierte BlackRock, que se ha publicado el 15 de enero de 2020, era muy esperada ya que las dos anteriores habían generado un revuelo de opiniones en tiwtter y mucha difusión en los medios financieros.

La carta no ha defraudado. Sigue con el mensaje de la importancia que para BlackRock – que gestiona más de 7 billones de dólares (trillions en la medida americana) – tiene que las empresas en que invierte muestren una preocupación por el largo plazo. Si bien el año pasado su énfasis fue en el “purpose” (propósito) de la empresa más allá que la retribución de sus accionistas, este año ha ampliado su presión en temas medioambientales. El título no puede ser más claro: A Fundamental Reshaping of Finance.

En la carta se puede destacar su compromiso en la senda de la descarbonización de sus carteras de inversiones, pero quisiera incidir en un mensaje menos comentado en la prensa, pero que creo relevante. BlackRock va a “obligar” a que las empresas informen de sus avances en temas de sostenibilidad utilizando dos estándares: SASB y TCFD. El primero delimita los temas “materiales” (los que determinan o pueden determinar su cuenta de resultados) según el sector en que se encuentre la empresa y el segundo hace transparentes los mecanismos de gobernanza que la empresa tiene para asegurar el logro de los objetivos medioambientales. La conjunción de los dos estándares, hacen más difícil el “greenwashing”, el factor que la Unión Europea teme porque borra la credibilidad de las comunicaciones empresariales en este ámbito. En esta misma línea, la normativa próxima sobre la “taxionomía” de las inversiones “verdes” va a suponer un gran avance.

La opinión entre los miembros del panel del evento del 28 de enero en el IE, en conjunción con Spainsif, sobre el “engagement climático”, era de optimismo en el importante papel que puede juagar el sistema financiero ante los retos de la emergencia climática. No sólo opinaban así una ONG defensora del medioambiente como ECODES, sino también un relevante gestor de activos como Picktet y una empresa de servicios de “engagement” como Alembeeks Group. La velocidad hacia una economía baja en carbono se acelera no sólo por los esfuerzos de los reguladores marcando normas y las ONG denunciándolo, sino también por el impulso que los gestores del capital de los ahorradores están acometiendo en la medida en que asignan sus inversiones en función del impacto climático.

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